Tratamiento de la Rosácea en el Gabinete de Estética

Tratamiento de la Rosácea en el Gabinete de Estética
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La rosácea es una dermatosis inflamatoria crónica de la piel del rostro que se caracteriza por periodos alternados de mejoría y empeoramiento.

Afecta mayormente la zona central de la cara causando enrojecimiento persistente o transitorio en las áreas de la frente, mejillas y nariz. Los episodios de rubicundez en un principio son transitorios pero con el tiempo pueden agravarse y ocasionar la aparición de teleangiectasias permanentes, pápulas y pústulas como engrosamiento de la piel y deformación de la nariz.

Es una afección que aparece con frecuencia en mujeres de entre 30 a 50 años (sobre todo con ascendencia inglesa, irlandesa o escocesa), mayormente de piel blanca o muy sensible. Se estima que las personas con tendencia a ruborizarse fácilmente son más propensas a padecer rosácea en algún momento de su vida.

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En el caso de los hombres, el índice es mucho menor pero la afección tiende a ser más grave y causar severas complicaciones (rinofima).

Causas de la rosácea

Las causas que llevan al desarrollo de la rosácea no están del todo claros, pero los especialistas coinciden en que la enfermedad surge gracias a una combinación de diversos factores, entre los que se destacan las reacciones inflamatorias desmedidas de la piel, anormalidades en el sistema inmunológico, lesiones causadas por los rayos UV, disfunción de los vasos sanguíneos, marcada predisposición genética y el accionar de microorganismos como el acaro Demodex folliculorum y la bacteria Bacillus olenorius.

Hay una teoría que parece ser la más acertada que estipula que el sistema inmunitario actúa de manera exacerbada cuando se expone a la piel a determinados factores externos como internos:

  • Estrés.
  • Luz solar.
  • Gérmenes.
  • Traumas físicos o químicos.

La manera anormal en que el sistema inmunitario del organismo reacciona es la que causa la inflamación y dilatación de vasos sanguíneos superficiales, que como consecuencia, desencadenan la rubicundez, el calor, y la aparición de telangiectasias.

Síntomas de la rosácea

Los indicios de que el paciente padece rosácea son variables entre uno y otro, pero a modo general podemos decir que se percibe:

  • Eritema o enrojecimiento transitorio o fijo.
  • Episodios de rubefacción.
  • Telangiectasias.
  • Edemas, pápulas y pústulas que aparecen sin la previa formación de comedones.

Existen cuatro principales subtipos de rosácea:

  • Rosácea eritemato telangiectásica.
  • Rosácea papulopustular.
  • Rosácea fimatosa.
  • Rosácea ocular.

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Rosácea eritemato telangiectática

Este subtipo se caracteriza por un enrojecimiento que persiste en nariz y mejillas, con recurrentes episodios de flushing (olas de calor) con una marcada rubicundez en pómulos que puede venir acompañada por sudor.

La piel presenta pequeños vasos sanguíneos visibles (teleangiectasias), se ve seca y es muy sensible.

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Rosácea papulopustular

En este tipo de rosácea se perciben pápulas y pústulas sobre todo en la región central del rostro. Suele confundirse con acné inflamatorio, pero a diferencia de este, las lesiones son nodulares y carecen de la previa aparición de comedones.

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Rosácea fimatosa

En este subtipo la piel presenta una hiperplasia sebácea, folículos dilatados y se percibe muy grasa. Existe una hipertrofia y engrosamiento de la piel, la región afectada del rostro se ve notablemente irregular.

Es muy frecuente en la nariz (desencadena el rinofima), pero también puede apreciarse en otras regiones de la cara como el mentón (gnatofima), la frente (glabelofima) o las mejillas.

Afecta mayormente a hombres adultos.

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Rosácea ocular

Los síntomas de la rosácea ocular son enrojecimiento, aparición de orzuelo, sensación de ardor constante o la de un cuerpo extraño, ojos secos, visión borrosa, picor en los ojos o intenso lagrimeo. No es muy común, pero puede aparecer sin lesiones dérmicas previas.

Todos los subtipos de rosácea tienen un curso evolutivo crónico, en las que el paciente experimenta periodos de mejoría y de empeoramiento.

Otros subtipos de rosácea:

  • Rosácea granulomatosa: esta variante se caracteriza por la presencia de granulomas, pápulas monomorfas, persistentes y de color rosado o amarillo amarronado.
  • Rosácea pediátrica: tiene las mismas características de la rosácea eritemato telangiectática o papulopustular.
  • Rosácea neurogénica: son los tipos de rosácea que presentan también síntomas neurológicos.

Factores que empeoran las rojeces

  • Herencia genética: la rubicundez aparece con frecuencia en personas que tienen una piel notablemente vaso reactiva, lo que es hereditario.
  • Factores subjetivos: a partir de los 25 años la piel puede tornarse más reactiva y tener episodios de enrojecimiento. Quienes tienen un fototipo claro y las mujeres en la menopausia son más propensas a padecer rosácea.
  • Agentes externos: la radiación solar, contaminación, el frio, el excesivo calor, el viento, los cambios bruscos de temperatura, las comidas y bebidas picantes o excitantes y el alcohol pueden agravar los síntomas (son vasodilatadores).
  • Factores internos: el nivel de estrés, un ritmo de vida acelerado, la ansiedad o las emociones intensas también pueden ser motivo de la exacerbación de los síntomas.

El diagnóstico de la rosácea

Para diagnosticar rosácea en un paciente tienen que percibirse uno o más de los síntomas primarios de la afección: eritema, telangiectasoas, pápulas o pústulas.

El especialista solo puede valerse de la observación y del análisis de la historia clínica del paciente, así como de un listado de los factores que empeoran o mejoran los síntomas.

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El tratamiento de la rosácea

Lamentablemente es una afección que no tiene cura, pero si se puede controlar empleando una combinación de herramientas.

Prevención: El paciente tiene que evitar los factores que desencadenan o exacerban los brotes como la ingesta de alcohol, los cambios bruscos de temperatura, la exposición solar intensa, comidas picantes, bebidas estimulantes, etc.

Tratamiento cosmetológico: la aplicación constante de protector solar (día y noche) y cosméticos de uso domiciliario que mejoren la trama vascular gracias a sus activos descongestionantes: aloe vera, manzanilla, aceite de palta, canola, hamammelis, malva, derivados de vitamina E, camelia y karité.

En gabinete es útil el empleo de peelings con ácido azelaico, mascarillas faciales descongestivas, calmantes e hidratantes y el criomasaje.

La paciente puede recurrir además a maquillajes que ayuden a disimular las rojeces como son los que tienen pigmentos verdosos.

Ejemplo de protocolo de tratamiento de rosácea en gabinete

  • Higiene de la piel con productos que posean activos descongestivos y sean muy suaves.
  • La exfoliación generalmente no debe realizarse, a menos que tengamos un caso muy leve de rosácea. De igual modo hay que emplear un producto que sea lo menos abrasivo posible.
  • Tonificación y desinfección de la piel.
  • Drenaje linfático facial con maniobras suaves y muy cuidadas para no incrementar el eritema.
  • Aplicación de alta frecuencia para descongestionar y desinfectar.
  • Mascarilla descongestiva en gel, puede tener extracto de malva, hamammelis, aloe vera, caléndula, etc.
  • Humectación de la piel mediante un agua termal y posteriormente un suero mediante tecleos suaves con los dedos.
  • Culminar el tratamiento con la aplicación de un protector solar mínimo 40 PFS.

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Aparatología para rosácea:

Electrocoagulación: mediante un aparato de alta frecuencia se busca producir la coagulación de los vasos capilares dilatados para su posterior eliminación por el propio organismo. También es efectiva para desinfectar la piel y eliminar microorganismos dañinos.

Crio-radiofrecuencia: este equipo es capaz de aportar frio y calor a la piel. Durante la aplicación entrega temperaturas bajo cero de manera constante, con lo que se consigue la reducción de la inflamación y se acelera el proceso de cicatrización y recuperación de la piel.

A su vez emite ondas de radiofrecuencia que generan calor por conversión, el que estimula la formación de nuevo colágeno.

Dermoporación: se busca crear rutas intersticiales e intercelulares mediante el empleo de electroporación y electroforesis que aseguran la penetración profunda de los activos específicos para rosácea colocados en la superficie de la piel.

Laserterapia: el láser  es muy empleado para mejorar el componente vascular de la rosácea ya que es capaz de eliminar el eritema difuso y las telangiectasias (sobre todo en rosácea eritemato-telangiectásica).

El haz de luz del láser es absorbido por la hemoglobina contenida en los vasos dilatados, donde se convierte en calor y daña el endotelio vascular, para dar lugar a la trombosis y destrucción del vaso.

luz pulsada

El láser además reduce notablemente la aparición de nuevos brotes. Los equipos actuales al ser de pulso largo también minimizan el efecto purpúrico pos-tratamiento.

Los láseres vasculares más empleados en rosácea son como el láser KTP 532nm y el láser Nd:YAG 1.064nm.

Los casos avanzados de rosácea en donde es preciso eliminar tejido exuberante, se tratan con láser de CO2, crioterapia, eletrocauterización y afeitado cutáneo.

Luz pulsada intensa: el haz de luz policromático elimina los capilares sanguíneos dilatados rediciendo notablemente el enrojecimiento propio de la afección.

El IPL es indicado para casos leves de rosácea, donde la lesión no es de grandes dimensiones y los brotes de enrojecimiento son súbitos.

Terapia lumínica: mediante diodos emisores de luz se busca la proliferación de fibroblastos con el fin de aumentar la producción de colágeno y elastina. A su vez se coagulan los vasos sanguíneos dilatados para causar la buscada normalización de la coloración de la zona afectada.

Ozonoterapia: los equipos de ozonoterapia son una excelente herramienta para tratar pieles con rosácea. El ozono tiene propiedades antisépticas,  oxigenantes, antioxidantes, descongestivas y humectantes.

En el tratamiento de pieles con rosácea la ozonoterapia le aporta el beneficio de la descongestión, alivio del enrojecimiento y de la inflamación propia de la enfermedad. La piel queda con una textura más homogénea y con una agradable sensación de frescura.

Cabe destacar que la rosácea es una patología difícil de tratar, pero no imposible. Lo crucial es que la paciente entienda que para controlar la afección tiene que sí o sí poner mucho de su parte eliminando los factores que exacerban los brotes.

Posteriormente el trabajo en gabinete es el resultado de la sinergia de los cuidados en domicilio, cambios en hábitos de vida, tratamientos cosmetológicos y aparatología. No existe forma de que los brotes de rosácea puedan controlarse si falta alguno de los pilares antes descritos.

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